¿Qué tal te llevas con la abundancia?

Como muchos de vosotros, yo también leí el libro de Marie Kondo “La magia del orden: herramientas para ordenar tu casa y tu vida”, incluida su segunda parte, probablemente lo más cerca que estaré nunca de ser tan desprendida y estoica como un maestro budista. Algunos de sus consejos me resultaron muy fácilmente aplicables, como con el tema de la ropa, otros no creí que pudiera hacerlo nunca, como con los libros, pero hubo uno que me sorprendió: No me había dado cuenta de la cantidad de aficiones distintas que tenía, porque para mí no son aficiones sino caminos. ¿También se pueden tener demasiados amigos, amores, felicidad? Dicen que sí, pero esa es la vida que llevamos, y parece que nuca tendremos suficiente de lo último. Al final nos movemos en la escasez por no saber como manejar lo ingobernable de la abundancia.

Una de esos caminos que seguí es la meditación con flores, y durante mucho tiempo fui por esa vía de sencillez y desprendimiento, practicando el arte zen de la Ikebana hasta que  llegué a un punto en que no quise cortar ni una flor más, haciendo mía la frase de Osho de “Si amas una flor, no la recojas”  y llegando a la paradoja de meditar con flores sin flores. “Hay muchas en el campo” me dije, obviando que no vivo tan cerca. Tampoco he meditado todo lo que me hubiera gustado.

Sin embargo ahora mi  alma resuena no con la sencillez del zen, sino con la exuberancia de todo lo creado por la naturaleza. Quizás siempre fue así,  y me doy cuenta que esa es la parte de aceptar la abundancia que me resulta más difícil: aceptar lo excesivo, lo exuberante, lo barroco.  No tiene que ver con el dinero, pero sí con la acumulación y eso es agotador, pero más agotador aún es renunciar a una parte de nosotros, así que me entrego a esta vivencia agradecida, aprendiendo a armonizar, ya que la naturaleza puede ser tan generosa.



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